Apatzingán, Michoacán.— Habitantes de la comunidad El Mirador, ubicada en el municipio de Apatzingán, viven bajo una constante amenaza tras los recientes ataques perpetrados con drones explosivos operados presuntamente por el crimen organizado. La situación ha generado un clima de terror, desplazamientos forzados y un llamado urgente a las autoridades.
Durante el fin de semana, al menos seis artefactos explosivos fueron lanzados en el transcurso de una hora, según denunció el Observatorio de Seguridad Humana de la Región de Apatzingán (OSHRA). A través de redes sociales, el organismo compartió un video que documenta las detonaciones y refleja el temor de los pobladores, quienes narran entre gritos la caída e impacto de los explosivos.
«Estamos bajo fuego. No sabemos cuándo caerá el siguiente», comentó un habitante que pidió el anonimato por temor a represalias. La violencia ha obligado a decenas de familias a abandonar sus hogares y buscar refugio en otros puntos del estado. Otras más permanecen en la comunidad, esperando una oportunidad para huir.
La situación no es nueva en la región de Tierra Caliente, donde comunidades como Tepalcatepec y Aguililla también han sido blanco de ataques similares. En algunos casos, incluso se han reportado víctimas mortales por la explosión de minas terrestres.
Los pobladores han dirigido un llamado urgente al gobernador Alfredo Ramírez Bedolla y a la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, para que intervengan de manera inmediata y se detengan las agresiones que vulneran sus derechos humanos.
La comunidad denuncia además la ausencia de fuerzas de seguridad estatales y federales, lo que incrementa la sensación de indefensión. «Aquí estamos solos. No hay Guardia Nacional, ni Ejército, ni Policía Estatal. Solo nosotros, rezando que no caiga otro dron», expresó otro habitante.
Las organizaciones civiles alertan sobre la normalización del uso de drones como armas de guerra en zonas rurales del estado, lo que representa una grave violación al derecho a la seguridad, a la vivienda y a la vida de miles de familias.
Por ahora, El Mirador resiste en silencio, con los ojos al cielo y el corazón encogido, esperando una respuesta que les devuelva la paz.
